Margen y Esfera

Por Román Ghilotti

El Borde Silencioso de las Cosas, con dirección de Lucía Russo, indaga sobre una posibilidad de estar en el límite de los otros

La coreografía que se presenta en el Centro Cultural de la Cooperación está enmarcada dentro del Programa de Danza y Política del área de danza de la institución, que la coproduce conjuntamente con el colectivo artístico c.a.s.a., agrupación a la que pertenece Russo.

El Borde Silencioso de las Cosas ubica su escena en la construcción de intemperie. En tal sentido no sólo pone como ámbito el amontonamiento de objetos a modo de desechos, restos o basura, espacio en el que las intérpretes transitan sus experiencias sin techo o reparo, sino que, demás, pone de manifiesto lo desigual del tiempo compartido, de la época, de la contemporaneidad. Con obvia referencia a seres marginales, como lo son, por ejemplo, los habitantes de la calle de las ciudades, la mecánica de la obra es extremadamente simple: las cinco mujeres están allí, expuestas a la vista, cada una replegada sobre sí, atenta a una supervivencia que, a pesar de ser transparente a los espectadores, oculta mostrándose lo que la mueve. Personajes que cuentan fragmentos de vidas de las que pareciera que sólo es dable conocerlas por su presencia, por cierto calladas, más allá de algunas expresiones o de un canto final. Ellas no son cosas ni mudas, pero cargan con el mismo silencio de aquellas para los otros, esto es: son las otras de los otros, son el margen o límite de la experiencia de cotidianeidad, de contemporaneidad.

Expresión de parte importante de lo múltiple de las vivencias en la simultaneidad en la que estamos, en la obra, hacen una denuncia explícita, en su obviedad, del desinterés relativo a un auténtico trato con los otros. Al mismo tiempo, la denuncia tiene alcances implícitos al dejar al descubierto la imposibilidad, en el mejor de los casos, o la negación, más habitual, de enlaces, de comunicaciones plenas, de aquel sentido humano que tanto se resalta y se afirma en declaraciones y que poco, en rigor, se verifica en prácticas sociales.

Alejandra Ferreyra Ortiz, Ana Giura, Carolina Herman, Nuriel Rebora y Natalia Tencer, las intérpretes, desplegando construcciones de movimiento que apenas apelaron a registros formales conocidos, que deformaron lenguajes o simplemente recurrieron a la acción trivial, repetida, incluso mecánica, en el estreno (13 de agosto) establecieron operatorias y vínculos con las diversas cosas que poblaban la escena (muestrario de “basura cotidiana”: cartones, prendas, cámaras de neumáticos, objetos plásticos, calzados, etc.). Entre ellas sólo se dieron algunas interacciones de relativa violencia y, a veces, de compañía.

Para el público, el muestrario de “basura cotidiana” accionado por las cinco intérpretes redundaba en un agregado de pequeñas situaciones de incomodidad y reacomodo, extendidas en la escena y en la duración, que expandían e insistían en lo que conceptualmente se acentuaba: estar inmersos en esferas de comunicación que se rozan, cruzan y chocan a la vez que se refracta a los otros, se los distancia, se trata de evitar el contacto comunicacional, paradójicamente inevitable e imposible. En el final, sin ironía, se compactaban cosas y personajes para sumir todo, después del canto, en un silencio como posible silencio reflexivo.

Desde una perspectiva política que tematiza la ruptura de lazos desde intereses encontrados, o las disimetrías y separaciones respecto de los otros, “marginales”, desde los otros “otros”, supuestamente “no marginales” (siempre se es el otro de los otros), El Borde Silencioso de las Cosas construye una imagen de la trama en la que se encuentran los diferentes textos sociales de la actualidad.

Escribe Román Ghilotti, Balletin Dance, Septiembre 2009. Página 50.

 

Escribe Carlos Pacheco, diario La Nación, 28/10/09:  Entre un mundo de desechos

Diario LA NACION

Espectáculos

Miércoles 28.10.2009

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Entre un mundo de desechos

Noticias de Espectáculos:  

Miércoles 28 de octubre de 2009 | Publicado en edición impresa

Calificación LA NACION:
Calificación lectores: –

El borde silencioso de las cosas . Con Alejandra Ferreyra Ortiz, Ana Giura, Carolina Herman, Muriel Rebora, Natalia Tencer. Diseño de luces: Miguel Solowej. Diseño sonoro: Javier Bustos. Asistencia de escenografía: Alfonso Tort. Asistencia de dirección: Lucas Condró. Colaboración artística: Claudia Ganquín. Dirección de arte y fotografía: Juan Gasparini. Dirección: Lucia Russo. En el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543). Funciones: jueves, a las 20.30. Duración: 50 minutos.
Nuestra opinión: Buena

Cinco mujeres en escena asoman ubicadas en un espacio que parece pertenecerles. Objetos, ropas, colchones, mantas, delimitan el lugar que ocupan; pero no hay demarcaciones exactas que demuestren que esos materiales sean de uso particular o privado. Ellas, con pequeños movimientos, darán cuenta de un mundo interior que no siempre adquirirá la potencia necesaria como para que la platea descubra quiénes son en verdad.

Los objetos empiezan a transmutarse, dejan de pertenecer a alguien para formar parte de un caos en el que las mujeres intentan insertarse, no sin antes apropiarse de una manta, una caja, una llanta de automóvil. Ese será el instante más intenso de la experiencia. Allí, cada una dejará en claro que las pertenencias se pelan con fuerza, que quizá sean la única posibilidad que tenemos de enfrentar la vida, acompañados por algo; tal vez pequeño, invalorable para algunos, pero que afirma un posible destino aunque sea sumamente pequeño.

En el final, la imagen que se construye y que resulta verdaderamente contundente, afirmará la cuestión: un cuerpo asomará en partes recubierto de ¿basura? Simplemente entenderemos que aquello de lo que pudimos apoderarnos durante el día no sólo nos permitirá entender que una jornada más ha transcurrido, sino que la vida se ha quedado con nosotros para afirmar que existimos, aunque la pelea por obtener algo haya sido mucha.

El borde silencioso de las cosas es una investigación que forma parte del proyecto Danza y Política del Centro Cultural de la Cooperación. La propuesta muestra cierto rigor a la hora de plantear una búsqueda en la que danza y artes plásticas se dan la mano. Los resultados son dispares. Por momentos, la escenografía se impone a la labor de las bailarinas y ellas no logran superar ese mundo de desechos que parecerían invadir hasta sus propias energías. En otros, sobresale una intención acabada en la que materiales y cuerpos llegan a una síntesis muy ajustada para definir ese ámbito sombrío, que hoy resulta tan cercano a muchos argentinos. A pesar de la disparidad citada, muchas posibilidades de reflexión quedarán en el aire y no habrá más posibilidades que atraparlas.

Carlos Pacheco

 

 

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